Estrategias

Los consumidores disponen principalmente de tres mecanismos o estrategias para identificar y adquirir productos o servicios que provengan de organizaciones que hayan manifestado públicamente sus compromisos sociales, éticos o ambientales. Estos mecanismos son las cláusulas contractuales de tipo social, laboral o ambiental, los códigos de conducta y las certificaciones.

Las cláusulas contractuales de tipo social, laboral o ambiental son aquellas condiciones que estipulan el contenido de un servicio o contrato, estableciendo derechos y deberes de carácter social, laboral o ambiental de obligado cumplimiento por las partes. Esta tipología de cláusulas está regulada en la contratación pública y es de aplicación voluntaria en la contratación privada.

Los códigos de conducta son documentos elaborados por la propia organización que tiene el objetivo de adoptar medidas de carácter social, laboral y medioambiental. Definen el compromiso de actuación de la organización, son de carácter voluntario y suelen ser compromisos adquiridos de forma unilateral.

Las certificaciones son un proceso por el cual se asegura el cumplimiento de ciertas condiciones, ya sea de un producto, proceso o servicio. Existen diferentes tipos de certificaciones: oficiales, no oficiales, de productos, servicios o procesos, de obligado cumplimiento o voluntarias, etc. Según su finalidad, las certificaciones se pueden clasificar en:

  • La certificación social considera aspectos como los derechos laborales, la calidad del empleo, la promoción de la igualdad de oportunidades, la accesibilidad y la promoción de la Responsabilidad Social Corporativa, la incorporación de grupos sociales específicos en relación al empleo (personas con discapacidad o en riesgo o en situación de exclusión social) y fomentan las empresas de economía social (por ejemplo, cooperativas) y PYMES.
  • La certificación ambiental se basa en la incorporación de criterios medioambientales en los procesos de gestión productiva, empresarial y comercial, tales como la eficiencia energética, el empleo de energías renovables, la minimización de emisión de gases de efecto invernadero, la minimización y valorización de residuos, el uso de productos procedentes de la agricultura ecológica o la adecuada gestión de residuos.
  • La certificación ética comprende la exigencia a las empresas de ofrecer garantías de que sus productos o servicios se han elaborado en condiciones laborales dignas. Estos criterios se basan en el marco mínimo de los Convenios fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Declaración Universal de los Derechos Humanos y profundizan en aspectos adicionales relevantes desde la óptica de desarrollo.

Las etiquetas presentes en los envases de los productos, en la publicidad o en la factura de un servicio son la evidencia que existe o hubo un proceso de certificación previo. Con el objetivo de conocer y así poder identificar las certificaciones más relevantes, a continuación se presentan las principales etiquetas seleccionados en función de su obligatoriedad y diferenciadas según su finalidad o carácter social, ético o ambiental.

Antes de identificar las principales etiquetas cabe destacar que en la actualidad han aparecido distintos símbolos no oficiales que, a priori, no disponen de ningún valor ambiental, social o ético. Por este motivo, es importante disponer de información veraz y contrastada sobre los diferentes símbolos que figuran en el mercado.

A modo de ejemplo, la etiqueta "no contiene CFC" dispuesta en el envase de algunos espráis no tiene ningún valor ambiental añadido. Desde 1989 está prohibido reglamentariamente que los aerosoles europeos para el consumo (excepto algunos productos médicos, como los inhaladores de asma) contengan CFCs. Incluir este tipo de información en el producto puede resultar engañoso al consumidor ya que no le aporta ningún tipo de distinción ambiental respecto al resto de productos de la misma categoría.