 | 2.5. El microondas Pocas son las cocinas que no poseen hoy en día un horno de microondas. Puede calentar una taza de leche, cocinar un sabroso tentempié o descongelar el pollo que se servirá en la comida del domingo. El microondas, presente en casi todos los hogares europeos, es una tecnología relativamente novedosa. Las microondas pertenecen a la gama del espectro electromagnético y su frecuencia se sitúa entre los rayos infrarrojos y las ondas de radio y televisión. Durante la Segunda Guerra Mundial, los científicos observaron que esas microondas podían usarse con otros fines, además de aplicarse a los sistemas de comunicación. Desde entonces, esa tecnología incipiente ha ido evolucionando, hasta transformarse en un electrodoméstico moderno de uso culinario. La penetración de las microondas depende de la densidad del comestible. Por ejemplo, los alimentos como la carne picada o el puré de patatas se cuecen mucho más rápido que una chuleta o las patatas enteras, que son mucho más densas. A menudo observarán que la comida cocinada en el microondas tiene unas zonas calientes y otras más frías; esto se debe a que la energía se difunde de forma desigual. Los microondas calientan la comida de afuera hacia adentro. Los productos pequeños se cocinan más rápido que los grandes. En ciertos casos, los alimentos cocinados en el microondas conservan más vitaminas que los guisados de forma tradicional. Esto se debe a que, al utilizar el microondas más energía, la cocción requiere menos tiempo. Por su parte, los minerales no se destruyen con el procesado de la comida, aunque sí pueden perderse con el agua de la cocción o con el jugo que desprende la carne. 2.6. Alergias a los alimentos Este tipo de alergia consiste en una reacción a un alimento o a alguno de sus componentes en la que interviene el sistema inmunológico del organismo. Cuando el sistema inmunológico reconoce un alérgeno en un alimento, produce anticuerpos para bloquear la difusión del agente externo. El cuerpo muestra simultáneamente una reacción física, que puede manifestarse en forma de inflamación de los labios, retortijones, vómitos y diarrea, erupciones cutáneas, sarpullidos o eccema, moqueo o trastornos respiratorios. Un síntoma más grave y menos frecuente es el choque anafiláctico, que puede resultar mortal y requiere atención médica inmediata. La alergia alimentaria es poco frecuente, pero puede originarla cualquier tipo de alimento. El ILSI (Instituto Internacional de las Ciencias de la Vida) ha elaborado una lista, extraída de un proyecto de CODEX, de los alérgenos más comunes, ordenados en tres categorías: Alérgenos "graves": cacahuetes; Alérgenos "fuertes": cereales con gluten (avena, trigo, cebada, centeno), marisco (excepto los mejillones), huevos, pescado, soja, proteínas lácteas, frutos secos (almendras, avellanas, pistachos, nueces de pacana, piñones, castañas de brasil, anacardos, nueces de macadamia) y semillas de sésamo. Alérgenos "leves": alforfón, apio, frutas con hueso (albaricoques, cerezas, melocotones y ciruelas). Cuando exista la sospecha de que se padece una alergia, se recomienda dejar de comer el alimento susceptible de provocarla hasta que se realice un examen médico para determinar las causas, ya que otros factores, como la mala condición física, podrían producir síntomas similares. Si, en efecto, los síntomas derivan de una alergia, es necesario consultar a un alergólogo. Todavía no se ha descubierto el tratamiento capaz de sanar de forma permanente las alergias a los alimentos. Si el diagnóstico es afirmativo sólo existe una solución eficaz, consistente en renunciar al alimento en cuestión. Debemos ser conscientes de que la eliminación radical de alimentos, sobre todo cuando se trata de alimentos básicos, requiere un seguimiento médico para evitar posibles desequilibrios dietéticos. Cuando se aplica a los niños, hay que prestar especial atención. 2.7. Frutas y verduras frescas y sanas Para mantenerse sano, es importante seguir una dieta rica en frutas y verduras frescas. Sin embargo, los productos frescos a veces son el origen de intoxicaciones alimentarias. Al consumir frutas y verduras crudas, se corre el riesgo de ingerir también cualquier residuo que haya quedado en ellas al estar en contacto con alguna superficie sucia o sustancia tóxica. Para reducir el riesgo de intoxicación microbiana, aplique las siguientes medidas: - Cuando haga la compra, procure seleccionar frutas y verduras de apariencia fresca y en buenas condiciones; evite las que huelan a rancio o las que estén podridas o tengan moho. Nunca compre verduras empaquetadas que tengan líquido en el interior del envoltorio.
- Compre únicamente lo que vaya a consumir. Algunas frutas y verduras, como las manzanas y las zanahorias, se conservan bien, pero la mayoría de estos alimentos deben consumirse en pocos días.
- Almacene de inmediato todos los productos en un refrigerador limpio y a baja temperatura (5°C). Los plátanos, tomates u otras frutas que no estén suficientemente maduras pueden dejarse a temperatura ambiente.
- Tire cualquier producto que haya guardado durante demasiado tiempo, o que huela mal o parezca rancio.
- Lave tanto la fruta como la verdura bajo un chorro abundante de agua limpia antes de consumirla. Retire la piel o la cáscara y las hojas exteriores. Si va a comer también la piel, frote bien la superficie.
- Lave el alimento justo antes de consumirlo, no cuando vaya a guardarlo. Lávese bien las manos antes de tocarlo. Si ha manipulado antes carne cruda, asegúrese de que la superficie y los utensilios que ha utilizado y sus manos estén limpios antes de ponerlos en contacto con cualquier producto fresco (o cualquier otro alimento).
- Cubra cuidadosamente los recipientes que contengan fruta o verdura cortadas. Guarde la macedonia de frutas o cualquier alimento cortado en el refrigerador hasta el momento de servirlo. Deseche cualquiera de esos alimentos si han estado fuera de la nevera durante más de cuatro horas.
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